Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

sábado, 27 de febrero de 2016

Otro año que me quedo sin ir a ARCO

Estos días se celebra la 35ª edición de ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo. En el 82, cuando nació, el precio de la entrada costaba 200 pesetas. Si fuéramos hoy, pagaríamos 40 euros, 66 si optamos por el pack de entrada y catálogo -demasiado para mi maltrecha economía-. Y eso que me quedo con ganas de ver de cerca algunas de las atrevidas propuestas de este año. En la presente edición, menos provocativa -dicen- destaca particularmente una titulada “Colonial Color Palette”. Es obra del artista mejicano Emilio Rojas que se introduce desnudo en medio de una jaula fabricada a base de palés coloreados y allí se queda observando impávido a quienes contemplan su obra. Esta especie de “instalación” o “performance” que incluye las maderas, fotografías de lapiceros de colores y un vídeo del proceso de creación, cuesta 14.500 euros. Por supuesto, no te puedes llevar al artista a casa, aunque parece que hay quien lo ha preguntado.

Foto de Europa Press

Es de sobra conocida por quienes me leen habitualmente mi dificultad para apreciarle el sentido al arte contemporáneo, y eso que en mi aproximación a este tipo de obras siempre llevo la mente bastante abierta, por eso tiendo a preguntarme qué habrá querido decir el autor. En el caso de Emilio Rojas, conocido por su activismo en defensa de refugiados e inmigrantes, lo que pretende, parece ser, es denunciar el trato que reciben los seres humanos como mercancía en función de su procedencia, su nivel social o su raza. No digo yo que no sea legítima tanto la intención como la propuesta, aunque dudo que se pueda considerar como pieza de arte susceptible de pasar a exponerse ni en un salón ni en un museo. Creo sinceramente que al calor de esta feria, ya consagrada en su ámbito a nivel internacional, orbitan no solo brillantes creadores deseosos de dar a conocer su talento al gran público o colocar su obra a algún coleccionista, sino también mucho transgresor más interesado en los dos minutos de telediario que en vender su trabajo. Opción igualmente respetable y muy apreciada por los reporteros a quienes les toca cubrir el evento y hacer la pieza informativa. Dan palmas con las orejas.

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