lunes, 28 de noviembre de 2016

Un boicot, lo que le faltaba al cine español

Supongo que ya sabréis que se ha montado una especie de boicot en las redes sociales contra ‘La reina de España’, la última película de Fernando Trueba. Y todo porque un día se le ocurrió opinar en voz alta y un sector de la población española no encajó bien lo que oía. En concreto, cierta parte de los ciudadanos a los que les 'duele' profundamente este país. Cuando Trueba recogía el Premio Nacional de Cinematografía el año pasado, en un discurso cargado de ironía que bien podían haber escrito a cuatro manos sus admirados Azcona y Wilder, mencionó que no se había sentido español ni cinco minutos. A algunos se les abrieron las carnes. Tal revuelo se montó que lleva un año explicando que lo que quería decir es que no le gustan los nacionalismos, pero es inútil. Qué triste hablar el mismo idioma y no entenderse.

Trueba no ha matado a nadie, ni robado, ni injuriado, ni cometido ningún delito recogido en la legislación de este país. Pero su 'desfachatez' le convirtió ipso facto en ‘antiespañol’. Técnicamente no sentirse ‘algo’ no implica que seas anti ‘algo’. Pero en España con el sentimiento patriótico no se juega ni se bromea -que eso fue lo que alegó el realizador, que faltaba sentido del humor-, así que desde aquel día se la tenían jurada, y el hecho de haber titulado la película ‘La reina de España’ ha venido a tocar más los testículos a los que ya estaban calentitos. 

Los que enarbolan la bandera roja y gualda del boicot contra la última película de Trueba le reprochan también que el realizador se beneficie de las subvenciones estatales al cine español. Deberían entender que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar. Y si el Estado ofrece ayudas económicas para impulsar las producciones nacionales y la suya cumple todos los requisitos, quienes manejan los dineros para levantar el rodaje están en su derecho de pedirlas y disfrutarlas, como cualquier hijo de vecino, y la Administración tiene la obligación de decidir si las concede o las rechaza.

El estreno de la película este fin de semana no ha sido de relumbrón, pero no me aventuraría a establecer qué porcentaje de culpa tiene en esta discreta taquilla el famoso boicot y qué porcentaje la inexplicable tendencia de los españoles a preferir pagar una entrada de cine para ver superproducciones norteamericanas y esperar a que echen las nacionales por la tele, como si fuera cacería menor. El cine español no está para perder espectadores y, por supuesto, no necesita que nadie le haga campañas en contra. Ya por defecto el público que consume películas para entretenerse en su tiempo de ocio suele desplegar un cordón sanitario tejido a base de prejuicios alrededor de las producciones de aquí. Y esa tendencia no es fácil de invertir. Si hiciéramos una encuesta entre los espectadores para que nombraran diez directores españoles del momento, apuesto a que encontrarían serios problemas para completar la lista. En cambio, estoy segura de que al preguntarles por qué no ven más cine español escupirían tópicos trasnochados e irreales como que en España no rodamos más que películas sobre la guerra civil. Pues bien, salvo ‘Gernika’, que recrea por primera vez este episodio histórico enmarcado en la contienda, no encuentro entre el resto de títulos estrenados este año ninguno con esas reminiscencias. Judgad vosotros mismos. También resulta muy revelador que, por lo general, quienes más reniegan del cine español, los que critican su poca calidad y vituperan a los directores, son los mismos que ahora zarandean a Trueba en las redes sociales. De modo que, aunque el director se hubiera declarado públicamente 'muy español y mucho español', sospecho que los del boicot tampoco habrían ido a ver su película.

En fin. Que cada uno se gaste los casi diez euros que cuesta el cine en ver lo que le dé la gana, pero fijándose en la historia y no en su bandera. Que cada uno recomiende a sus amigos las películas que quiera, pero una vez vistas y testada su calidad o su capacidad para llegar al corazón. Me violentan las presiones que responden a motivos ideológicos y evito secundar ningún boicot. Prefiero decidir por mí misma y equivocarme. Lo siento, pero no veo la peligrosidad en las palabras de Trueba, su talante no despierta ninguna animadversión en mí y tanto en su obra como en sus entrevistas reconozco a un hombre ingenioso, culto y cabal.

Una última reflexión para terminar: soy de las que pienso que Fernando Trueba hace más por este país rodando una película que llevará por el mundo el nombre de España -además de generar empleo en el sector y aumentar nuestro patrimonio cultural-, que verbalizando más o menos alto, con más o menos acierto, con más o menos gracia, si se siente más o menos español.

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