Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Luchando contra el edadismo a los 50


Recordaréis que la Fundación del Español Urgente elegía en diciembre el término aporofobia como palabra del año 2017. Alude al rechazo que nos produce la pobreza y la gente pobre, una tendencia que ha ido peligrosamente en aumento a raíz de la crisis. En esta misma línea de despreciar al prójimo, existe otra práctica tanto o más acusada, y totalmente instalada ya entre la gente, que es el miedo o rechazo a las personas mayores, lo que podríamos llamar gerontofobia o, cuando se refiere específicamente a la discriminación por edad, edadismo. Lo estoy viviendo yo ahora mismo. Y eso que hasta ayer solo tenía 49 años.

Este miércoles 28 de febrero cumplo los 50. ¡Madre mía! Asumámoslo. Estoy más cerca del final que del principio. No sé si os ocurre como a mí y tenéis la rara sensación de que el calendario lleva otro tempo. De hecho, interiormente yo me siento como si aún tuviera 30. Mantengo las mismas ganas de bailar, de reír y de algún verbo más de la primera conjugación. No quiero decir que alguien con 50 años no tenga derecho a bailar, reír y lo otro, no me malinterpretéis, pero desde fuera está como mal visto. Parece que esas tres pulsiones no se corresponden con lo que tradicionalmente se espera de toda una cincuentona (¡qué expresión más horrible!).

Debo confesar que es fantástico haber llegado hasta aquí. Sobre todo haberlo logrado sin mayores contratiempos. Es decir, no siento trauma alguno por cumplir los 50. Además, debo ser una afortunada porque todavía no he empezado a experimentar los efectos secundarios del medio siglo. Me refiero a los físicos, porque en otros planos, a decir verdad, sí llevo unos meses padeciendo lo que podrían denominarse daños colaterales de la edad. Siento que mi 'excesiva madurez' me frena a la hora de reincorporarme al mercado laboral, en mayor medida incluso que no ser bilingüe o decir estupideces en este blog. 

Se ha cumplido ya un año desde mi última nómina y, a pesar de haber llegado a responder a más de 200 ofertas de trabajo, no me han llamado de ninguna de ellas para entrevistarme o conocerme. Sospecho que ahora que tengo oficialmente los 50 esa tendencia se recrudecerá. Diréis que quizá me falta formación. Que 25 años de experiencia laboral no sirven como garantía de profesionalidad, ni tampoco los múltiples cursos de reciclaje que he realizado para no perder el tren de la digitalización. Pues siento llevaros la contraria, pero yo diría que mi CV no pinta mal y que lo que me separa de la clásica entrevista del trabajo es mi fecha de nacimiento que, por otro lado, ni siquiera figura en mi CV pero es fácilmente deducible si sabes sumar. Soy plenamente consciente de que resulta sospechoso que a mi edad, después de tantos años en activo, me haya quedado en el dique seco. “Algo raro ha tenido que pasar”, pensarán los reclutadores, que preferirán curarse en salud y sacrificarme en la primera criba en vez de preguntarme para averiguarlo. Imagino también que habrá técnicos de selección que me descarten porque piensan que el puesto y el sueldo son poco para alguien de mis características, pero preferiría que me lo consultaran antes; quizá a estas alturas no valore tanto los euros como el proyecto, el ambiente o la ubicación de la empresa. Ay, la maldita edad… ¿No decían que los 50 eran los nuevos 30? En las empresas no se han debido enterar.

En general estamos demasiado pendientes de la edad y mediatizados por ella, pero en determinados ámbitos. Consideramos exótico, por ejemplo, que un mayor consiga escalar montañascorrer maratones o irse de Erasmus, y en cuanto surge un caso corremos a darle bombo en los medios y a exhibirlo como un mono de feria. Porque estamos acostumbrados a que la vejez vaya acompañada de pérdida de facultades, fuerza, velocidad, pelo, belleza, vista, oído, gusto y tacto… todo lo que nos aterra perder cuando todavía vamos sobrados. En cambio, no parece raro ni nadie cuestiona la edad de los mandatarios que gobiernan el mundo. Donald Trump tiene 71 años, Vladimir Putin 65, Mariano Rajoy 62, Angela Merkel 63, Theresa May 61... Es decir, edades para que te elijan en las urnas y dirijas un país, pero no para pasar un proceso de selección e incorporarte a una empresa como un empleado más.

Por otro lado, ¿qué me decís de las muestras de afecto? Nos parecen naturales, tiernas y agradables de mirar en gente joven, pero dejan de serlo cuando tienen como protagonistas a personas mayores, como si lo de enamorarse y disfrutar con el sexo estuviera vetado para los ‘viejenials’. Y aún siendo conscientes de cómo funciona la vida, tendemos a comportarnos de una manera especialmente cruel cuando tratamos a los mayores de a pie y solemos evitarles como si lo suyo fuera contagioso. Resultaría cómico si no fuera tan dramático, porque todos caminamos hacia ese lugar. Todos, en el mejor de los casos, llegaremos a viejos. Según las estadísticas, seremos cada vez más. Y todos, si no palmáis antes, pasaréis por la barrera psicológica de los 45, que parece ser el momento en que los más jóvenes nos empieza a ver como ‘demasiado mayores’ para cualquier cosa. Si aún no os ha tocado, haceos a la idea, porque donde las dan, las toman.

Hay una segunda parte, una doble amenaza que te acecha si además de cumplir 50 eres mujer. A partir de esta edad, cuando alguien nos quiere insultar emplea la expresión ‘menopáusica’, sin tomarse la molestia de contrastar antes si seguimos gastándonos dinero en tampax, compresas y preservativos. Suelen ser los mismos que con 30 te preguntaba si estabas con la regla cuando no les reías las gracias. Utilizando ‘menopáusica’ como ofensa, buscan dejarte bien clarito que tu papel esencial, el de incubadora, el de animal que procrea para garantizar la pervivencia de la especie, ha llegado a su fin y ya no tienes sentido en este mundo; que tus hormonas te agriarán el carácter a la misma velocidad que se te descolgará la piel; que has perdido tu sex appeal, si alguna vez lo tuviste, y nunca más despertarás las fantasías sexuales de nadie. Da igual el aspecto que tengas o lo bien que te conserves, tu agilidad mental o tu sentido del humor, tu capacidad de aguante o tu entrega. Tus 50 les pesarán como una losa y se encargarán de recordártelo.

¿Pues sabéis lo que os digo? De momento a mí los 50 no me pesan. Afortunadamente al menos estoy viva. En todos los sentidos.


lunes, 19 de febrero de 2018

Cosas de mujeres


Desde hace unas semanas utilizo una herramienta gratuita de Internet llamada paper.li. Permite crear una publicación digital con aspecto de periódico sobre una temática concreta a partir de distintas fuentes de noticias seleccionadas previamente o de enlaces a informaciones insertados por el propio usuario. Simplificando la explicación, en mi caso yo he elegido la mujer como argumento noticioso, así que he introducido los términos mujeres e igualdad para que, a la hora de rastrear redes sociales, blogs y medios de comunicación, este editor filtre los contenidos online más relevantes que incluyan alguna de estas etiquetas. 

He llamado a esta publicación Rompiendo la brecha y se actualiza cada lunes. Mi propósito es crear un semanario que recopile historias positivas que demuestren que el cambio en esta sociedad es real, que las mujeres vamos ocupando más espacio público y que se nos reconoce por fin el derecho y el talento que hasta ahora se nos había negado. Junto con esas noticias esperanzadoras es inevitable que se cuelen también en el filtrado otras no tan positivas; me refiero a las que tienen que ver con la desigualdad, el machismo o el maltrato, noticias que mantengo porque tienen a la mujer como protagonista y vienen bien para recordar que nos queda mucho por avanzar en este campo.

Pues bien, durante estas semanas he podido apreciar cómo el proceso automático de curación de contenidos de paper.li no es tan perfecto como prometía. Quiero decir que no siempre responde a mis expectativas, lo que me obliga a repasar la selección automática de noticias antes de compartirlas y a desechar muchas de ellas por no ajustarse estrictamente a lo que deseo destacar. Probablemente los criterios de selección de contenido tengan algo que ver en esto. El término mujer es muy amplio y resulta inevitable que esta herramienta abarque de más. El caso es que gracias a este ejercicio de ‘refinado’ he sido testigo de algo muy revelador. La etiqueta mujer está asociada irremediablemente a toda una colección de estereotipos muy añejos. Para que veáis a qué me refiero, a continuación reproduzco diez de las noticias que habían sido recopiladas por esta herramienta para formar parte de la última edición de este periódico y que obviamente he descartado de mi selección final:

-¿Cómo eliminar malos olores de las alfombras?
-Todo lo que debes saber sobre los tipos de esmaltes.
-¿Cuáles son las frutas para lucir una piel hermosa y joven?
-Nombres de niños famosos más populares del mundo.
-¿Cómo preparar una crema antiarrugas en el hogar?
-¿Cuáles son las soluciones para frenar la pérdida del cabello?
-¿Cuáles son los correctos cuidados para un bebé sietemesino?
-¿Cómo evitar engaños a la hora de vender sus joyas?
-Estas son las cinco posturas que prefieren las mujeres para el sexo.
-Una mujer se electrocuta al intentar hacerse una 'selfie' en la bañera

Es sintomático que más de la mitad de la información que contiene la palabra mujer está relacionada con limpieza del hogar, belleza, maternidad, salud, familia… y también, cómo no, estupidez. Porque, claro, en el ecosistema femenino nuestras mayores preocupaciones son esas: los olores en las alfombras, las cremas antiarrugas caseras, el fascinante mundo de los esmaltes de uñas, los cuidados del bebé sietemesino o que no nos engañen cuando vamos a vender las joyas de la abuela. En fin...

viernes, 9 de febrero de 2018

No se ofende quien no quiere

El periodista Carlos Herrera publicaba la pasada Navidad una imagen titulada ‘El Belén viviente’. Tomando como base una escena de la Natividad, habían incrustado su cara y las del resto de colaboradores en el lugar de los rostros de la Virgen María, San José y el resto de protagonistas del nacimiento de Jesús. El montaje fue acogido con regocijo por sus seguidores, supongo que también por los católicos, e incluso debió resultarle simpático a la Conferencia Episcopal, en vista de que no le puso de patitas en la calle ni le denunció ante los tribunales por delito de ofensa a los sentimientos religiosos. 


Unos meses antes, en la primavera del año pasado, un joven jienense de nombre Daniel Serrano, hizo algo parecido pero tomando como modelo una imagen del Jesús Despojado, de la Cofradía de la Amargura de Jaén. El fotomontaje le quedó más conseguido que el del equipo de Herrera, todo sea dicho, y  lo subió a su cuenta de Instagram con la frase: 'Sobran las palabras, la cara lo dice todo, Makiaveli soy tu dios'. Dice que se refería a un rapero y que en ningún caso pretendía hacer mofa ni herir los sentimientos religiosos de nadie. Pero a la Cofradía no le hizo gracia el asunto y le pidió en varias ocasiones que retirara la imagen. Se negó y terminaron denunciándolo en el juzgado. Esta semana salía la sentencia del juicio. El pobre diablo deberá pagar 480 euros por la ofensa y eso gracias a que se ha declarado culpable.

En el carnaval del año pasado el párroco de la localidad pontevedresa de Cuntis, Juan Carlos Martínez, se disfrazó del fundador de Playboy, Hugh Hefner, y desfiló por las calles del pueblo a bordo de un descapotable. Para dar mayor realismo al disfraz, aparecía flanqueado por otros dos hombres perfectamente ataviados de voluptuosas conejitas Playboy. La escena levantó mucha polvareda fuera de la localidad y el párroco verbenero se vio obligado a pedir perdón desde el púlpito. Y eso que sus feligreses no se habían tomado a mal la elección de disfraz del páter e incluso salieron en su defensa cuando las altas jerarquías eclesiásticas le llamaron al orden.

Ese mismo carnaval, pero a kilómetros de distancia de Galicia, en Las Palmas de Gran Canaria, Borja Casillas, de nombre artístico Drag Sethlas, ganó la gala Drag Queen del Carnaval con una fantasía titulada '¡Mi cielo! Yo no hago milagros, que sea lo que Dios quiera', en la que comenzaba vestido de Virgen María y terminaba de Cristo crucificado.


Mamarracho y Blasfema es lo más bonito que se dijo sobre él y sobre una actuación que fue trending topic y provocó opiniones encontradas en todos los ámbitos. Finalmente el obispo convocó una misa en desagravio y al artista le tocó sentarse ante un juez después de que se admitieran a trámite dos querellas acusándole de herir los sentimientos religiosos. El pasado mes de diciembre la causa fue archivada.

No sé por qué me ha dado por relacionar los cuatro casos. Quizá porque todos tienen algo en común: Ninguno buscaba ofender intencionadamente a nadie.