martes, 10 de enero de 2017

Sobre los concursantes de ‘Ahora caigo’ que no recordaban la Guerra Civil

Todos os habéis escandalizado porque dos concursantes del programa ‘Ahora caigo’ demostraron una ignorancia supina al costarles adivinar un panel que ocultaba un importante hecho histórico a pesar de que las pistas que se les iban aportando eran bastante reveladoras. Blanco y en botella, que diría aquel. Por ejemplo: Si os digo que ocurrió en el siglo XX en España, que fue un conflicto social, político y bélico, que hubo un alzamiento, dio paso a una dictadura o inspiró el Guernica de Picasso, ¿seríais capaces de adivinar de qué estamos hablando? Bien, pues a ellos todas estas pistas solo les inspiraron respuestas como el 2 de mayo, el 23-F o la democracia. Solo al final, cuando les dijeron que el hecho histórico en cuestión provocó el exilio de mucha gente, a uno se le encendió la bombilla y acertó con la Guerra Civil. Los concursantes tenían entre los 20 y los treinta y tantos años. Me pregunto si pesaron más los nervios de estar ante las cámaras o su condición de hijos de la LOGSE. Quizá simplemente fue un acierto del equipo de casting. 


Unos días antes, en la cabalgata de Reyes de Madrid, el youtuber polemista Álvaro Ojeda, reconvertido en reportero dicharachero estrella por obra y gracia del digital OK Diario, confundía a astrónomo Copérnico con el descubridor Colón, para regocijo de los espectadores tuiteros.

Hace algunos meses quedamos noqueados al ver en “El Intermedio” de la Sexta cómo alumnos de ESO y Bachillerato eran incapaces de explicar qué pasó el 23F. Además circulan por internet numerosos videos de entrevistas a jóvenes que no saben ubicar en el mapa las provincias españolas y a quienes Adolfo Suárez les suena a golpista.

No penséis que mi pretensión es echar pestes contra esta nueva generación y contribuir a que os deprimáis pensando que los jóvenes españoles son los menos preparados de la historia. Claro que no. Porque no es así. Tampoco voy a dedicarme a criticar el sistema educativo, aunque sea francamente mejorable. La realidad es que, como en todos los tiempos y en todas partes, hay gente con interés por saber lo que ocurre a su alrededor, curiosidad por ampliar sus conocimientos y ganas de empaparse de cultura general, aunque sea a base de crucigramas. Y luego hay otra gente que siente pereza ante la sola idea de poner a trabajar a su neurona y prefiere dar por bueno lo que le cuentan dudosas fuentes o se limita a ‘informarse’ a través de los 140 caracteres de un tuit. 

La gente que pertenece al primer grupo lee, cuestiona, contrasta y no opina de algo si no sabe. La del segundo grupo da por hecho, no pierde el tiempo en discriminar, se deja confundir y suelta lo primero que le viene a la cabeza aunque no tenga ni repajolera idea de lo que está hablando. 

A los jóvenes de ese primer grupo, si les paran por la calle para hacerles unas preguntas sobre cultura general y aciertan, probablemente les censuren y su respuesta correcta no salga en el reportaje o lo haga solo brevemente al final, porque lo que se busca en ese ‘trabajo periodístico’ es precisamente demostrar el escaso nivel cultural de los jóvenes. También es difícil, tal y como está el mercado y cómo han evolucionado los criterios de rentabilidad, que sabiendo hacer la 'O' con un canuto los contraten en medios donde se prioriza la polémica sobre la información y la formación. Y sospecho que tampoco pasarían los castings de ciertos concursos de preguntas y respuestas donde lo primero que se valora para ser seleccionado no es tu sapiencia, sino que sepas contar chistes, cantar, bailar, mover las orejas o hacer cualquier rareza que provoque la risa. 

Los jóvenes del segundo grupo, en cambio, son carne de reportaje. Desengañémonos, dan mucho juego. Seguramente, además, si tienen desparpajo y mucho morro, esas habilidades pesarán más en su currículum que tres masters y ocho idiomas a la hora de hallar ocupación y protagonismo en cualquier canal o experimento audiovisual. Y, por supuesto, seguro que les cogerían en un casting para un programa como ‘Ahora caigo’, porque ya en sí mismos resultan todo un espectáculo televisivo -y eso es la televisión, puro espectáculo para el entretenimiento-. Así, quien esté pasando el rato mirando la pantalla, podrá llevarse las manos a la cabeza, decir “¡Madre mía!” y sentirse menos inculto. O más listo.



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