lunes, 2 de enero de 2017

Se trata de dar la campanada

Imagen extraída de su cuenta de Instagram
Sobre lo de Cristina Pedroche y su atuendo en la retransmisión de las campanadas en Antena 3, creo que equivocamos el tema del debate. La cosa no es tanto si se puede considerar o no adecuado el estilismo. Ni si se debe denominar vestido a un body con una falda de tul transparente encima. Tampoco si resulta poco digno que una mujer se preste a ponerse eso en televisión o si hace un flaco favor a la ancestral reivindicación femenina de no ser tratadas como un trozo de carne. Incluso no viene a cuento discutir ahora, a raíz de este asunto, sobre si las mujeres hemos alcanzado la libertad y la independencia del género masculino para poder elegir cómo nos vestimos sin pedir permiso a nadie. No señor. 

Yo creo que deberíamos dejar en paz a la Pedroche y poner el foco en la razón por la que los responsables de las cadenas, cuando llega el momento de elegir presentadores para el espacio de las 12 uvas, buscan mujeres despampanantes pero bajan el listón con el género masculino. Ellos pueden ser entrados en años, sobrados de kilos, canosos, calvos, feos, normales… da igual, con que sean populares y reconocibles por la audiencia es suficiente. Lo importante es su ‘partenaire’, que es quien da el espectáculo.

Sé que la tiranía del share es muy dura, por eso entiendo que se recurra a golpes de efecto como este de vestir desvisitiendo a señoras estupendas para arañar espectadores a la competencia. Aunque ya esté muy visto, es apostar sobre seguro -a la vista está su efectividad, todo el mundo hablando de lo mismo y Antena 3 presumiendo de su mejor dato de audiencia en 12 años-. Pero no me parece de recibo, en estos tiempos de paridad, que privemos a una parte de la población de vivir plenamente la experiencia de las campanadas mientras se te cae la baba mirando a la pantalla.

De modo que reto a los ejecutivos de las teles a que se arriesguen un año y prueben otra fórmula menos convencional. Les pido que de una vez nos den gusto también a nosotras. ¿No es la televisión puro espectáculo? Pues ¡demuéstrenlo! ¡Arriésguense! Pongan a un tío cachas a dar las uvas, con sonrisa cautivadora y hoyuelos en las mejillas, vestido con poca ropa, la justa para poder apreciar sus abdominales, recorrer con la mirada sus oblícuos y valorar la importancia de un cuerpo bien tonificado. Y a su lado, acompañándole en segundo plano, elijan a una mujer normal, es decir, que no destaque, que alabe el físico de su compañero y en la que podamos vernos reflejadas el resto de las mortales. Entonces sí que darían la campanada. Al final, de eso se trata, ¿no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada