Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

sábado, 11 de mayo de 2019

Rubalcaba

Tuve la suerte, el placer y el honor de compartir un estudio de radio con Alfredo Pérez Rubalcaba hace muchos, muchísimos años. Allá por el 96 o el 97. Fue en el programa Déjate Besar, que conducía Jorge Albi en la extinta Onda 10, la entonces cadena musical de Onda Cero Radio. No me atrevería a atribuirme el papel de copresentadora, porque eso sería mucho decir. Más bien tenía una tarea organizativa en la trastienda de aquel caótico universo y aparecía de vez en cuando en antena para dar réplicas algo racionales a las disquisiciones filosóficas y oníricas de Albi.

El programa era básicamente musical, aunque contaba con colaboradores que presentaban secciones de todo tipo, donde lo mismo se hablaba de fútbol que de restaurantes o comics. De vez en cuando también había entrevistas. Por lo general, los que pasaban por allí eran cantantes y grupos de promoción discográfica, pero puntualmente invitábamos a otros personajes que nos resultaban interesantes.

Uno de los colaboradores de Déjate Besar era Nacho Goya, un tipo bonachón cuya hermana Pilar estaba casada con Rubalcaba. Aprovechando la coyuntura, Albi le pidió que utilizara el parentesco para convencerle de que viniera al programa. A mí aquello me pareció una temeridad. Yo que procedía de la “radio seria” no concebía que un político como él, que había sido ministro, aunque en aquel momento fuera un simple diputado en la oposición, perdiera el tiempo acudiendo a un programa tan loco como aquel. Pero resulta que aceptó y allí se presentó.


Descubrimos a un gran conversador, rápido de mente, inteligente y divertido, cercano y amable. Nunca tuve la sensación de que nos tratara con condescendencia, por eso de estar en una emisora musical de chichinabo y que el nuestro no fuera el programa de Iñaki Gabilondo. Más bien al contrario. Nos trató de tú a tú, participó activamente en la entrevista, habló de lo divino y lo humano, y nos hipnotizó por completo con ese movimiento de manos que le acompañaba al expresarse, y que convirtió en gag televisivo José Mota en un especial de Nochevieja, y con esa manera que tenía de contar las cosas.

Y es que a Rubalcaba daba gusto escucharle. Era un magnífico orador. Argumentaba como nadie. Cuando hablaba, brillaba. Y el resto no podía hacer otra cosa mejor que callar y seguir su discurso embobado. La retórica parlamentaria española perdió todo su lustre cuando él abandonó la primera línea de la política. Suya es la frase llena de retranca “En España enterramos muy bien”, que resumía las numerosas muestras de apoyo que recibió tras su renuncia, una sentencia llena de ingenio de las muchas que le hicieron célebre, como aquella con la que rechazó la oferta de la editorial Planeta para escribir sus memorias: “Lo que puedo contar no interesa y lo que interesa no lo puedo contar”, dijo.

Hace justo un año le escuchaba en una de sus últimas entrevistas, en el programa Más de Uno, de Onda Cero, con Alsina. Hablaba del fin de ETA, uno de sus mayores empeños durante su etapa en el Gobierno. Cuando acabó, no pude evitar mensajear a Carlos. De tanto en cuanto le doy la tabarra sobre la radio, por los viejos tiempos. Le imploré que fichara a Rubalcaba para el programa, ahora que estaba liberado del yugo de la política y era un simple profesor de Química. “No se deja”, me dijo. Lástima que ya no haya manera de insistir.



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