Seguramente
habréis visto el vídeo.
Interior de una habitación en un Colegio Mayor de Madrid, el Diego de Covarrubias, perteneciente a la Universidad Complutense. Un chico y una chica
frente a frente. Ambos tienen en una mano lo que parece merengue o nata. Varios
chavales estan presentes observando y esperando su turno. De repente el chico
le da una bofetada a la chica con la mano repleta de dulce. Se escucha un ruido
seco. Es tan violento el golpe que la desestabiliza y durante unos segundos
queda fuera de juego. Ni siquiera grita del tremendo dolor que la torta le ha
tenido que provocar. Todos, hasta el agresor, se echan la mano a la boca entre
sorprendidos y acojonados. Él mismo da la impresión de pensar, “Me he pasado”.
Alguien grabó el vídeo, lo hizo circular por redes sociales, se hizo viral y ha
servido para volver a encender el recurrente debate sobre las novatadas en el
que nos enfrascamos al comienzo de cada curso. Aunque esta vez ha tenido alguna
repercusión más.
La
Universidad ha expulsado
a los protagonistas del vídeo, el chico que da la bofetada y la chica que la
recibe, ambos, por cierto, compañeros, amigos y novatos. Han recibido la misma
pena, quince días fuera del Colegio Mayor hasta que la institución investigue
lo sucedido y decida qué hacer. No hay que ser Sherlock Holmes ni Hércules
Poirot ni Colombo para saber que los dos chavales participaban en un rito
iniciático de esos que los veteranos organizan para “ayudar a integrarse” a los
nuevos en los Colegios Mayores. Sí, ambos participaron “voluntariamente” en la
prueba. Y entrecomillo la palabra porque nadie se presta voluntario a agredir o
ser agredido, salvo que la alternativa sea peor. Por ejemplo, que te aislen,
que sufras represalias
o que te queden pesadillas para el resto de tu vida sobre ese año en el que
empezabas a volar fuera del nido y a tomar tus propias decisiones.
En
el juego participaban muchos más novatos, aunque sus tortazos no debieron ser
tan espectaculares visualmente hablando, por lo que o no hay grabación o el
vídeo no daba la talla para ser viralizable, así que se han librado de la
sanción. También se han ido de rositas los veteranos que seguramente organizaron
esa “fantástica velada”. Veteranos que, por cierto, alguna vez en su vida
fueron también novatos y sufrieron esa misma situación. Pero, en vez de
empatizar, deciden seguir fomentando esas prácticas, quizá porque en su fuero
interno buscan venganza por lo que a ellos un día les hicieron. Y así, año tras
año, seguimos perpetuando una siniestra cadena.
La Universidad
justifica la medida disciplinaria diciendo que “Las novatadas están prohibidas en la
Complutense y por eso los estudiantes implicados voluntariamente en el
desagradable incidente han sido expulsados a la espera de la resolución de la
inspección servicios de la Universidad”. Los implicados… No me hagan reír. Me
da la impresión de que había más implicados que no han tenido que hacer la
maleta. Y termina el mensaje con un “No lo permitas”. Muy propio, por eso
sanciona a los pobres novatos, por permitirlo, por pasar por el aro y prestarse
a ser denigrados por quienes hoy duermen tranquilamente en sus habitaciones del
Colegio Mayor donde se realizó el rito iniciático sin que los responsables del
centro fueran capaces de detectarlo, ni evitarlo, ni disculparse por ello ante
las víctimas.
Aunque, ahora que lo pienso, quizá la estrategia de la universidad para parar esta animalada no se limite a palabrería y haya decidido ir más allá. En vista de que no son capaces de atajar la cuestión por el lado de los fuertes, hacer reaccionar a los débiles a golpes y a sanciones. A ver si esto les sirve para plantarse y decir “Hasta aquí hemos llegado”. “Ya está bien”. No estaría mal pensado...
¡Novatos
del mundo, hagamos que termine la dictadura del veterano! Negaos a exponeros de
esa manera. Enfrentaos a las novatadas. No son graciosas. Pasad de los ritos
iniciáticos. Despojaos del miedo. Cambiad las cosas y arriesgaos a que os hagan
el vacío. Bienvenidas sean la exclusión y la marginación. Si sois muchos, ya no
estaréis excluidos, seréis un buen puñado de marginados. Los excluiréis a ellos,
a los del rebaño. Sé que cuando uno llega nuevo a cualquier lugar quiere ser
aceptado, cuanto antes mejor, pero no a cualquier precio. No paguéis ese peaje.
La integración en el grupo no se consigue prestándose a pasar por gilipolleces
como nadar desnudo en una fuente congelada, tragar litros de alcohol con un
embudo, exhibirse por zonas muy transitadas en ropa interior o romperse la
cabeza a bofetones. La integración es otra cosa. Y no es mala manera de empezar
a integrarse denunciando a los abusadores. Vejar y humillar no es una
tradición. Que no imperen ni la ley del más fuerte ni la del silencio. Y ya
puestos, esto podríamos extenderlo a todos los ámbitos de la vida. A ver quién
es el primer valiente.
Es una vergüenza. Siempre he estado en contra de estas gilipolleces, tanto como cuando era estudiante universitaria como ahora que soy madre de una estudiante novata. Pero ahora además, tengo miedo, por mi hija y por el resto de estudiantes nuevos que como esta chica puedan sufrir por este tipo de violencia, casi siempre sin consecuencias para esos "compañeros" veteranos.
ResponderEliminarCreo que la clave está en dejar de considerarlas "una broma" y en que todos, absolutamente todos, los novatos, se nieguen a participar en las novatadas.
ResponderEliminarGracias por leer y comentar.