Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

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viernes, 24 de diciembre de 2021

Fallece Santiago Chivite, periodista, escritor, buena persona y gran amigo

Una mala noticia me ha abofeteado al despertarme esta mañana. Ha muerto Santiago Chivite. Para quienes no le conocierais, era periodista, escritor, compañero, excelente persona y gran amigo. En estas fechas he echado de menos sus mensajes de Whatsapp pidiéndome que le ayudara a confeccionar su felicitación navideña digital. Estaba ingresado en la UCI de un hospital de Burgos tratando de recuperarse de los numerosos daños sufridos en un accidente de tráfico, así que permanecía ajeno al móvil.

El último whatsapp que recibí de él me llegó el 5 de noviembre, pocos días antes de que perdiera el control de su vehículo en una carretera de Soria. Me felicitaba porque era el día de Ángela de la Cruz y consideraba que era mi santo, algo que yo ignoraba porque nunca he controlado el santoral como él. Me preguntaba si estaba bien y me anunciaba la próxima presentación de su libro ‘Encuentros con Jesús de Nazareth’. El mismísimo Cardenal Carlos Osoro iba a ser el maestro de ceremonias, “¡Toma ya!”, escribía. Lo leí con prisa, porque estaba trabajando, y le contesté con un escueto “¡Gracias!, Todo bien, espero que vosotros también”. Añadí un emoticono de guiño y beso. Lo que se dice una mierda de mensaje de cortesía.


Cuando pocos días después su hijo Javi me contó lo que había pasado y me trasladó la gravedad de la situación, me sentí fatal. No solo por lo ocurrido, sino por la posibilidad de que muriera sin haberle contestado algo más profundo, sincero o efusivo. Debería haberle llamado para que me contara lo emocionado que estaba con este nuevo libro religioso que iba a terminar encasillándole en la temática mística. Bromearíamos y me contaría su próximo viaje a Cintruénigo con su mujer, Dori, para ver a la familia, y yo le diría que disfrutara de la excursión. Pero no lo hice. No le llamé. 

No sé si durante este mes y medio, en el que parecía que iba recuperándose, alguien le llegó a decir que me acordaba mucho de él y que estaba deseando que le dieran el alta para que volviera a darme la turra con sus felicitaciones navideñas o con el montaje anual de fotos de sus nietos que coleccionaba para ir viendo la evolución de los cinco pequeños y no tan pequeños. 

Parecía que había remontado. Su salida de la UCI, su alta del Hospital de Burgos y su traslado al Gregorio Marañón en Madrid daban a entender que había Chivite para rato. Pero ayer, la víspera de Nochebuena, en plenas navidades, una época del año tan especial para un creyente como él, Santiago Chivite falleció. Lo escribo y todavía no me lo creo. 

Chivite fue mi jefe en el Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Las Rozas; mi maestro en comunicación política, institucional y de crisis; mi compañero de vinos blancos en la terraza de Los Amigos; mi narrador de apasionantes batallitas sobre el diario Ya y sobre el PP de Fraga; mi parapeto para salir indemne del veneno de la política; mi organizador de aperitivos de San Fermín, con su chistorra y su pañuelico, como buen navarro; mi amigo y confidente. Envidiaba su amor por Dori, cómo presumía de hijos y nietos, su villa en Carabaña, su sentido del humor y su profunda fe. 


Para mí fue todo esto durante los dos años años que compartimos despacho y después, cuando nuestros caminos laborales se bifurcaron en 2011 por unas nuevas elecciones municipales en la que Las Rozas cambió de alcalde, pero no de siglas. A un año de su jubilación, le mandó al paro el mismo Partido Popular al que consagró buena parte de su vida profesional. 

Después de esta gran faena, mantuvimos el contacto, las llamadas en cumpleaños, los mensajes con consultas sobre ordenadores -¡Ay, él y la tecnología...!-, los mails con instrucciones para algún 'favorcito', los vinos blancos aprovechando alguna de sus visitas al pueblo y las comidas de Navidad. 


A estas alturas del año ya nos habríamos reunido junto con otro grupo selecto y variopinto de personajes conectados a través de aquel ayuntamiento. Habríamos compartido menú y lotería. El año pasado suprimimos la quedada navideña por el Covid. Este año tampoco ha podido ser. Ya nunca más podrá ser. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Elecciones en la Asociación de la Prensa de Madrid

La Asociación de la Prensa de Madrid celebra hoy elecciones para renovar su Junta Directiva. Estamos llamados a votar más de 7.600 periodistas asociados que debemos elegir entre dos candidaturas, la que encabeza la actual presidenta, Carmen del Riego, y la que lidera una histórica, Victoria Prego. Por primera vez desde su fundación en 1895, se disputan el cargo dos mujeres.


Llevo asociada a la APM muy poco, un año largo. Siempre me había resistido a entrar en un club que me admitiera como socia, pero al final claudiqué, no por tener el beneficio de la cobertura médica, que es lo que mueve a muchos, sino por sentirme parte de un oficio del que mi devenir laboral me estaba empezando a alejar. Aún no he podido experimentar el sentido de pertenencia a este club (a no ser por los 66 euros que suelto al trimestre), ni por el momento tengo la sensación de haberle sacado partido a mi carnet. El caso es que la de esta mañana ha sido mi primera visita a la APM y en los instantes previos me ha invadido cierto nerviosismo. La llegada a la sede de la Asociación, inaugurada en 1983 en la esquina entre Juan Bravo y Claudio Coello, así, de primeras, impone, con ese monumento a la libertad de expresión en el chaflán del edificio.


Luego, una vez dentro, ha sido como recibir un curso intensivo de historia del periodismo español. No había visto nunca juntas a tantas veteranas figuras del oficio -flor y nata en una época- como en el cuarto de hora que he pasado allí, empezando por las dos candidatas que saludaban amablemente a todo el mundo, y terminando por el que fuera mi profesor de Redacción Periodística, y de más de 10.000 alumnos -calcula- a lo largo de toda su carrera docente, Enrique de Aguinaga, convertido ya en nonagenario y que no ha perdido una pizca de sentido del humor a pesar del paso del tiempo y los golpes de la vida. 

He de mencionar que gracias a estar acompañada por mi penúltimo jefe, Santiago Chivite, que ha oficiado de cicerone (yo para lo de las relaciones públicas me reconozco incapaz), he podido saludar a reconocidos profesionales a los que admiro y a cuyo nivel difícilmente llegaré ya en esta vida (quizá en la próxima).

Esta noche se sabrá quién estará al frente de la institución los próximos cuatro años. Podría decir cuál ha sido mi voto, pero a quién le importa. Vistos los programas de gobierno de estas dos profesionales, estoy convencida de que, salga quien salga, desde la institución tratarán de preservar los derechos de los periodistas atendiendo a los retos a que nos enfrentamos y con claras líneas de acción: combatir el desempleo en el sector, favorecer la adaptación a los nuevos escenarios digitales, despolitizar los medios y defender la dignidad de la profesión (#gratisnotrabajo).