Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

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sábado, 8 de febrero de 2020

Canas al aire

Hace algunos meses decidí dejar de someterme a la dictadura de pasar por la peluquería cada dos o tres meses para camuflar con mechas mis incipientes canas. La idea de dejar de maltratar mi pelo a base de tintes era tentadora, pero mucho más la posibilidad de ahorrarme un buen pico. Confieso también que terminó de animarme ver cómo se convertía en tendencia entre algunas valientes mostrar con naturalidad los efectos del paso del tiempo en sus azoteas. Y digo valientes porque los mismos pelos blancos que convierten en maduros atractivos a los hombres, en las mujeres suelen ser interpretados como un signo de vejez y desaliño. En cualquier caso, yo pensaba que los pocos cabellos blancos que empezaban a asomar en mi cabeza parecerían reflejos en contraste con el color ceniza del resto del pelo. Ilusa de mí, no había caído en la cuenta de que las canas tienen vida propia, son rebeldes, presentan una textura distinta y parecen lo que son, canas.

Imagen de Lisa Redfern en Pixabay 
Desde que me despojé de todo el pelo teñido, la palabra ‘señora’ resuena en mis oídos con frecuencia. Parece ser la única manera que encuentran los menores de 30 años para dirigirse a mí o aludir a mi persona. A menudo, cuando la sueltan, tengo que reprimir un exabrupto, aunque el gesto en mi cara me delata. Estoy hasta el c*** de que mi edad condicione la forma en que se me trata y cómo se me valora. Tanto como que mis canas, líneas de expresión, párpados caídos o flacidez de brazos induzcan a la gente a formarse una idea equivocada de cómo soy y cómo me siento. Aún no estoy decrépita, amigos. Prácticamente comparto generación con Jennifer López y, aunque no lo parezca, si me lo propongo, casi puedo moverme igual. ¡Eh! Menos risas… La principal diferencia entre ambas es que a ella todavía la siguen contratando, aunque sea para animar el descanso de un partido de fútbol americano y estimular la imaginación de algunos.  

La última vez que actualicé mi currículum eliminé del archivo mi fotografía y mi fecha de nacimiento. Ya sé que es una tontería. No hay nada más sencillo que averiguar mi edad. Basta con fijarse en el año de graduación y echar cuentas. Pero con este gesto siento que priorizo mi experiencia y formación, y ya de paso obligo a los reclutadores a dedicarle más segundos a mi candidatura. Da igual que el final sea el mismo: descartarme.

Porque sí, lamentablemente, mis intentos por enrolarme de nuevo en alguna empresa están resultando infructuosos. Y como no sea porque lo que escribo y comparto libremente en las redes sociales está perjudicando a mi marca personal, todo me conduce a pensar que es mi edad la que se interpone entre el mercado laboral y servidora. El puñetero edadismo.

Estar sin empleo remunerado desde el mes de septiembre provoca que a veces me venga abajo. Sucede particularmente cuando escucho la misma respuesta en mi red de colegas –“Si me entero de algo te digo”- y cuando, en mis habituales batidas en Linkedin, Infojobs, Indeed o Quien TV, compruebo que no hay nada de lo que busco. A veces se ofertan puestos en Prensa y Comunicación en los que seguramente haría un estupendo papel, pero estoy convencida de que mi edad condena mi CV al montón de los rechazados y así no hay manera de llegar a la fase de la entrevista de trabajo, un cara a cara donde podría demostrar mis habilidades y quizá tendría alguna posibilidad.

En ocasiones, poseída por un ramalazo realista y práctico, abro el abanico y amplío mis preferencias. Eso no significa que tire la toalla y olvide mi objetivo, sino que aparco por un instante mis deseos y cambio al criterio de proximidad, a ver si me topo con un puesto en la zona donde resido en el que pueda encajar, a pesar de mi madurez, y que me reporte un sueldo a fin de mes, lo justo para vivir y seguir dedicando tiempo libre a lo que me gusta. En el catálogo que me proporciona el algoritmo abundan los empleos de Comercial, Teleoperador, Cajero, Personal de limpieza, Recepcionista, Administrativo, Animador de cumpleaños, Ayudante de cocina, Monitor de Zumba… Y todos con un mismo denominador común: requieren una experiencia de la que yo carezco. Porque, paradojas de la vida, aunque he pasado los 50 y soy toda una licenciada, lo único que sé hacer bien y en lo que tengo experiencia es en mi oficio.

Entonces, cuando estoy a punto de ser engullida por el círculo vicioso de la autodestrucción, de repente me da por pensar que:

-He criado dos hijos, así que podría incorporar a mi currículum 16 años de experiencia ejerciendo como una estupenda babysitter.

-Aunque las dos criaturas han sido bastante independientes y autosuficientes en su formación académica, han contado con mi inestimable colaboración para aprender las tablas de multiplicar, los tiempos verbales, las capitales, ríos, montañas y hasta el Present Perfect inglés, lo que me habilita -creo- como profesora particular.

-No soy la mejor cocinera, pero sé preparar menús de supervivencia y los sirvo en la mesa con tanta gracia como cualquier camarero. Por qué no traducir este talento como “experiencia en restauración”.

-Cuando mi madre y mi suegra se bloquean en el uso de internet, el móvil, la tablet o el ordenador, no tienen más que recurrir a mí para terminar pareciendo nativas digitales. No mentiría, por tanto, si incorporara a mi historial "pericia en la educación para adultos".  

-Con un aspirador, un trapo atrapapolvo y un estropajo dejo mi casa niquelada cada fin de semana, así que también podría sumar “destreza como asistenta doméstica”.

-Además llevo el control sobre los gastos familiares mensuales, lo que me incita a pensar que podría manejarme medianamente con los números en una oficina, otro detalle a incluir en mi historial.

-Sin olvidar que estoy muy acostumbrada a conseguir cosas extrañas contra reloj, como inventar un disfraz a última hora de la tarde para llevar al día siguiente a clase, solucionar una manualidad escolar con cualquier cosa olvidada en el trastero o recuperar buscando por los cajones y armarios de casa objetos perdidos que nadie encuentra. Así que también me planteo anotar la producción como una de mis 'skills'.

Mi duda es si los reclutadores valorarían todo esto por encima de mi edad. Dejadme adivinar. Estáis pensando que he elegido un mal momento para dejar las canas al aire. ¿A que sí?

martes, 17 de noviembre de 2015

5 cosas que he aprendido desde que estoy "los lunes al sol"

En los cinco meses que han pasado desde que terminó mi último contrato laboral, me ha dado tiempo a aprender algunas cosas que voy a compartir pensando no sólo en que puedan ser de utilidad para los que atraviesen por mi misma situación, sino para todo el que quiera estar preparado en caso de que también a él le pueda suceder, algo que en estos tiempos de EREs y liquidaciones no sería extraordinario.

1.-Hay multitud de portales de empleo, casi tantos como aplicaciones para el smartphone: Infojobs, Infoempleo, Job and Talent, Monster… Y existe la opción de abrirse perfil en cada uno ellos, pero a mí solo me ha servido para recibir alertas en el correo electrónico, eso sí, después de haber dado todos mis datos personales y que estén rodando por la red… Veremos qué poco tarda en llegarme el spam digital y telefónico… Pero, desengañémonos, aunque tenemos más tiempo libre, no podemos perderlo revisando estas webs una a una en busca del trabajo de nuestra vida. Por eso, para economizar esfuerzos, lo mejor es utilizar Indeed, un buscador que rastrea todo lo que se ofrece en bolsas de trabajo, páginas de empresas, periódicos, clasificados y los portales del sector, es decir, el Google de cabecera de los parados.

2.-Es obligado estar en Linkedin. En mi caso llegué tarde a esta red social profesional, justo cuando me quedé en la calle. Lo suyo es darse de alta cuando estás en activo. De hecho, los reclutadores tienden a buscar el talento en empresas de la competencia o simplemente a tipos que en el campo dedicado al trabajo actual dejan bien claro que pertenecen a una compañía. De modo que lo de llegar a Linkedin recién parada da un poquito el cante, sobre todo cuando tratas de conectar con gente que hace años salió de tu vida. En cinco meses solo he sido capaz de conseguir 149 contactos… y parece ser, según mis orientadoras laborales, que debo llegar a 501. Lo veo francamente difícil. Por más vueltas que le doy al apartado de “Gente que podrías conocer” no conozco a nadie, bueno, al menos no considero que pueda ser gente que pueda dar el perfil de lo que se entiende por contacto.

Creo que Linkedin no es la mejor herramienta para buscar trabajo, sí quizá para tener cierta visibilidad y que si alguien que te reencuentra sabe de algún puesto en proceso de cubrir, te tenga en cuenta y se te incluya entre los candidatos. Por lo demás, si fuera efectivo como bolsa de empleo, imagino que afinaría en la personalización de las sugerencias de puestos, porque lo que es a mí, debe verme como una mujer del Renacimiento, lo mismo me sugiere un puesto de técnico de marketing online en Marbella, que consultor tecnológico junior en Barcelona o periodistas digital-tradicional en Murcia y alrededores.

3.-Hay que estar preparada para ver que las ofertas no son las que esperabas, que se pide mucho por poco, que se está convirtiendo en algo común que a un puesto apliquen más de 1.000 personas, que puede que no recibas ni una respuesta y que pueden pasar meses sin hacer ni una sola entrevista. Hay que asumir que mientras se cubran puestos por empleados en prácticas con sueldos precarios, será complicado que las empresas estén dispuestas a buscar más calidad, experiencia y gasto. Y, sobre todo, que hay mucho “listo” en todas partes, también en este mundillo en el que suele respirarse desesperación por buscar un trabajo, así que no faltan los que intentan hacer negocio con ello pensando que hay gente dispuesta a hacer cualquier cosa por volver al mercado.

4.-No renuncies a los programas de desarrollo de la empleabilidad y al coaching, generan endorfinas y de qué manera. Te servirán para encontrar lo bueno que hay en ti, trabajar el autoconocimiento con el análisis DAFO, desarrollar tu marca personal, generar confianza en tus posibilidades e, incluso, soñar con conseguir cosas que cuando estabas en activo ni siquiera te atreváis a desear, ¡bendito mandala! Gracias a las profesionales de The Bold Choice por su tutelaje. Es más viejo que la propia vida, pero qué bien sienta que te recuerden que tú puedes. Además, cualquier tipo de formación que sirva para ampliar tus conocimientos, reciclarte o reinventarte siempre es bienvenida. Y la ventaja es que la mayoría de los Ayuntamientos ofrecen estos servicios de manera gratuita.

5.-Tienes que conseguir que tu entorno comprenda que estar sin empleo no significa no tener trabajo, tienes un trabajo mucho más duro: encontrar la forma de volver al mercado laboral, y eso requiere cantidad de tiempo, una estrategia seria, planificación estricta, horas de ordenador, citas continuas… Así que, cuando alguien tenga la tentación de pedirte que te encargues de la compra, la limpieza de la casa, entretener a los niños, hacer una gestión… “ya que tú estás en paro y tienes más tiempo libre”, deberías respirar hondo, contar hasta diez y explicar de manera didáctica y convincente que gustosamente colaborarás en esas tareas, que ya contabas con ello, pero cuando termines de hacer lo que tenías previsto. ¡Ah!, y prepárate a recibir miradas a medio camino entre la lástima y la sospecha, algunos susurrarán a tus espaldas “mira éste, a la sopa boba”, o los habrá que te preguntarán, “¿cómo te planteas este parón? ¿Tipo año sabático?”. En fin, sí, la buena noticia es que dispones de más tiempo libre que tú mismo administras y que te puede permitir hacer cosas que antes no podías (este blog, por ejemplo), por eso el primer paso decidir qué quieres hacer, una elección que no es tan fácil de tomar como presuponen algunos. Tras cinco meses de reflexión y de pegarme con mi modelo de curriculum vitae, yo ya empiezo a tener las cosas medio claras... Y eso que Linkedin no te lo pone nada sencillo ;-))))