Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

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sábado, 7 de marzo de 2026

Por mucho que odies a Pedro Sánchez

Por mucho que odies a Pedro Sánchez; por mucho que te fastidie que siga en la Moncloa; por mucho que envidies su capacidad para desenvolverse en una cumbre internacional hablando en inglés con otros mandatarios; por mucho que te joda su planta, su imagen y esa aparente seguridad en sí mismo de la que hace gala en cualquier situación; por mucho que te reviente verle compartir vídeos con recomendaciones literarias y musicales o jugando con sus perretes por los jardines del palacio; por mucho que pienses que no cuenta con los apoyos suficientes para gobernar o aprobar presupuestos; por mucho que esquives los buenos datos macro de crecimiento de la economía española durante su mandato y prefieras poner el acento en la inflación o la baja productividad; por mucho que pienses que se ha cargado el Partido Socialista y lo ha transformado en el Partido Sanchista; por mucho que sospeches que maneja todos los poderes y mueve sus hilos para desviar la atención a otros temas y dejar fuera del foco las distintas causas judiciales que afectan a su entorno; por mucho que estés convencido de que cada decisión que toma es electoralista; por mucho que veas en su “No a la guerra” una estrategia para robarle votos a la izquierda de la izquierda; por mucho de todo esto y más, me cuesta creer que tengas alguna duda sobre de qué lado posicionarte en el pulso entre Donald Trump y Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez (Foto: La Moncloa)


Creo que la mayoría, si no todos, hemos conocido en nuestra etapa escolar a algún ‘Donald Trump’, el típico abusón del que tratabas de alejarte para que no reparara en tu presencia y así evitar que te eligiera como víctima. Ese que robaba meriendas, pisoteaba carteras o se metía con los que veía más débiles con total impunidad. Ese que iniciaba los líos, pero se las ingeniaba para que la bronca le cayera a otro. Ese que respondía con amenazas a cualquiera que osara no plegarse a sus deseos. Ese que solo se podía neutralizar de dos maneras: con un plante general de sus posibles víctimas previa denuncia a un mayor o con la aparición de otro como él que le hiciera probar su propia medicina.

Me parece perfectamente legítimo que un presidente español se niegue a permitir que EEUU use bases militares en su territorio para una guerra iniciada por su cuenta (y la de Israel), saltándose el derecho internacional y la vía diplomática. Aunque el país bombardeado sea Irán, donde impera un régimen teocrático que reprime a su pueblo y discrimina a las mujeres. No creo que liberar a los y las iraníes haya sido lo que haya movido a Netanyahu y Trump a iniciar una operación cuyos efectos va a ser desastrosos para todos, menos para ellos.

El capítulo 2 del Convenio de Cooperación firmado en 1988 para el uso de las bases de Rota y Morón dice textualmente: “España concede a los EEUU el uso de instalaciones de apoyo y otorga autorizaciones de uso en el territorio, mar territorial y espacio aéreo españoles para objetivos dentro del ámbito bilateral o multilateral de este Convenio. Cualquier uso que vaya más allá de estos objetivos exigirá la autorización previa del Gobierno español”. Es decir, lo de no permitirle a los americanos su uso para esta guerra está perfectamente justificado. 

Lo que no tiene ni medio pase es que la reacción de Trump a esa negativa sea la de amenazar a España con aranceles como venganza. Y, desde luego, lo que clama al cielo es que a la oposición no se le caiga la cara de vergüenza cuando le echa la culpa a Sánchez de las posibles pérdidas económicas que vayamos a sufrir por no ser serviles al abusador en vez de ponerse del lado del país afeándole al presidente norteamericano esa amenaza de aplicarnos un correctivo totalmente arbitrario. Me pregunto a quién culparán de los efectos ya visibles de la guerra, como la bajada de la bolsa, la subida de la gasolina y el colapso en el transporte de todos tipo de mercancías por el estrecho de Ormuz, del que las principales beneficiadas -qué causalidad- están siendo las exportadoras de gas estadounidenses.

domingo, 2 de marzo de 2025

A la mierda la diplomacia

Las reuniones de mandatarios al más alto nivel tienen sus tiras y aflojas, mucho más si el tema a tratar es delicado. Pero los trapos sucios se ventilan en privado, en la intimidad de un despacho sin cámaras. Luego, en la rueda de prensa posterior, se explica a los medios de comunicación el resultado de la negociación de manera diplomática, sin hacerse sangre, como marca el orden mundial.

Por eso a la mayoría nos impresiona tanto el espectáculo que ofrecían recientemente Donald Trump y J.D.Vance frente a Volodímir Zelensky delante de los periodistas en pleno despacho oval. Lo que iba a ser un encuentro para negociar sobre las llamadas tierras raras de Ucrania terminó con reproches, acusaciones y malos modos contra el presidente del país invadido por Rusia, sin importarles que hubiera testigos. Quizá precisamente por eso, porque el hecho iba a trascender, se vinieron tan arriba, para escenificar quien manda y cómo se van a hacer las cosas a partir de ahora.


Con ese simple episodio, el presidente y el vicepresidente de los EEUU mandaron a la mierda siglos de diplomacia y protocolo. Vamos a ir teniendo que asumir que es lo que podemos esperar del nuevo mandato Trump. Las reglas del juego que han marcado las relaciones internacionales durante siglos no van con él. Ha venido a desestabilizar y eso pasa por romper reglas establecidas y hacer lo que le apetezca o se le ocurra.

Un ejemplo es el propio comentario con el que recibió al presidente Zelenski en su llegada a la Casa Blanca. "Te veo bien, te has arreglado hoy", le soltó, para añadir mirando a los periodistas: "Se ha vestido para la ocasión". Dirigirle un comentario sobre su atuendo a otro mandatario, más cuando viene de un país en guerra, no parece lo más apropiado ni lo más ajustado al protocolo. Pero a Trump se la suda.

Por si no fuera suficiente humillación, un periodista de la corte ‘trumpista’ decidió que era buena idea preguntarle a Zelenski delante de todo el mundo sobre su indumentaria. "¿Por qué no lleva traje? Está al más alto nivel, en la oficina de este país y rechaza llevar un traje. ¿Tiene un traje?", remarcaba Brian Glenn, de la cadena ultraderechista 'Real America's Voice'.

"¿Algún problema?", le replicaba el ucraniano, a lo que el agitador le respondía: "Muchos estadounidenses tienen problemas con que usted no respete el Despacho Oval”. El presidente ucraniano zanjó la cuestión asegurando "Llevaré un traje cuando acabe esta guerra, quizá uno como el suyo, quizá algo mejor, no lo sé, ya veremos. Quizá algo más barato, gracias".

He intentado encontrar algún momento en el que este periodista interrogara sobre su modo de vestir al magnate Elon Musk, a quien ha puesto al frente del nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental y que se pasea por el despacho oval no precisamente con traje, sino con camiseta y gorra.

Junto con esa nueva estirpe de políticos, que vienen a conquistar el mundo saltándose reglas del juego, normas de convivencias, diplomacia, cortesía y mínima educación, están los que se hacen llamar periodistas pero son más bien activistas agitadores que presumen de lo mismo. Hablan el lenguaje tabernario de las redes sociales, se alimentan del público rabioso que las frecuenta, difunden bulos que luego no desmienten y se distinguen de los verdaderos periodistas en que son más impertinentes, tendenciosos y solo disparan en una dirección. Quizá me equivoque, pero no recuerdo que Vito Quiles haya acosado a Carlos Mazón para preguntarle sobre el 'Ventorrillo' el día de las riadas. En cambio, nos tiene aburridos de reventar ruedas de prensa en el Congreso y perseguir por la carrera de San Jerónimo a líderes políticos de la izquierda como si fuera un reportero de agencia del corazón o del programa irreverente y desenfadado Caiga Quien Caiga.

El periodista político también se rige por unos códigos de conducta. Más allá de hacer preguntas atinadas, interroga en todas las direcciones para cumplir con su obligación deontológica de ofrecer una información veraz, aportando contexto y todos los puntos de vista, sin perder nunca la compostura. Tiene mucho más mérito hacer que sea el entrevistado quien se ponga en evidencia ante una pregunta inteligente que darle la escusa de escapar espantado por una provocación manifiesta.

La semana pasada, la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) convocaba una concentración a las puertas del Congreso de los Diputados para defender su trabajo frente a los comportamientos ‘cansinos’ de Vito Quiles o Bertrand Ndongo. La gota que ha colmado el vaso tiene que ver con este último. El activista político de Vox, que también juega a ‘informador’, compartió en sus redes un video de una periodista de La Sexta con la frase "Quédense con su cara, es una sinvergüenza sin escrúpulos". En la imagen se la escuchaba pedir a su cámara que no grabara las preguntas de Vito Quiles en el Congreso.

No es el primer encontronazo del periodismo ‘serio’ con este nuevo ‘seudoperiodismo’ activista, pero este señalamiento ha traspasado todos los límites. La APP argumentaba que estos agitadores "se presentan como víctimas de un acoso generalizado cuando son ellas las que provocan, insultan, amenazan a periodistas y publican sus fotografías en las redes sociales, y no respetan en el Congreso las normas deontológicas y democráticas que desde siempre aceptan todas las y los periodistas”. Actúan lo mismo que la mano que les da de comer, esos que desde los despachos mandan a la mierda la diplomacia esperando provocar con ello el desorden mundial.

lunes, 10 de octubre de 2016

Hay más tipos como Trump… y esto no es una broma

No entiendo cómo todavía alguien se sorprende al filtrarse una grabación privada con comentarios groseros de Donald Trump y descubrir que se asemeja a lo que puede denominarse un cerdo machista. Pero si no hay más que verle evolucionar. Con frecuencia le traiciona el subconsciente y proyecta al cromañón que lleva dentro. Además, su trayectoria vital está salpicada de escándalos relacionados con sus ‘complicadas’ relaciones con las mujeres y, la verdad, no es que le defina su respeto por el sexo femenino. Salvo que escuchar en vivo y en directo sus expresiones soeces haya despertado de un profundo sueño a algunos de sus partidarios, me temo que la mayoría ya había captado el tipo de persona que es.

En todo caso, visto el revuelo, la pregunta que me surge es: ¿qué es más grave y reprochable, tratándose de un aspirante a liderar el mundo: que se comporte como un baboso misógino o que demuestre una ignorancia supina sobre este planeta que aspira a dominar? En ambos terrenos parece un peligro público, así que entiendo que resulte difícil elegir una de las opciones. Lo que no termino de procesar es cómo existen ciudadanos estadounidenses partidarios de votarle. Ellos sabrán lo que buscan, necesitan y quieren. Quizá desconocemos las profundas raíces e idiosincrasia de aquel país. O quizá simplemente es que el perfil cafre de Trump es más habitual de lo que pensamos entre el común de los mortales. Y esto sirve para poner de relieve una cruda realidad que tengo la sensación de que pasa desapercibida. Y es que el género femenino sigue protagonizando chistes a lo ancho y largo del mapa mundi. Por no tratar de abarcar tanto, si nos centramos solo en casa, aquí, en España, aún son comúnmente aceptadas las bromas sobre la lucha de sexos, donde siempre sale peor parada la dama. Incluso hay mujeres que también entran en el juego y aceptan ese tipo de bromas pensando que la mejor manera de combatirlas es contraatacando con otras en las que el objeto de mofa sea el hombre. En el día a día, en la barra del bar, en la intimidad del hogar, en encuentros de amigos, en el vestuario del gimnasio, en el patio del instituto, en grupos de whatsapp…, las ordinarieces sexistas son comunes. Es raro el chico que no bromea sobre el físico de las chicas y que no intenta ser ingenioso con alguna ocurrencia de tipo sexual. Y es raro que no haya alguno que ría las gracias al ingenioso, lo que le convierte en cómplice y tan rastrero como a quien le hace de palmero. Y cuando la situación requiere algún calificativo que aplicarles a ellas, siempre, por regla general, el primero que escupen es el de putas.

Admitidlo. Si se expusiera al escrutinio público lo que se dice en privado probablemente más de uno descendería de los cielos a los infiernos. Cuando un micrófono indiscreto se queda abierto y alguien suelta algún exabrupto pensando que nadie le escucha, desvela su verdadera esencia. Si tuviéramos cámaras y micrófonos encima todo el día, como en Gran Hermano, llegaría un momento en que saldría a la luz toda la bilis de cada uno, y reconoceríamos al homófobo, al racista, al sexista, al misógino, al violento, al ultra, al egoísta, al tramposo… y caerían todas las caretas. 

Afortunadamente la mayoría de las veces no es necesario espiar a la gente para saber de qué pie cojea. 





miércoles, 16 de marzo de 2016

Mientras el mundo ladra,Trump sigue cabalgando

Todo el mundo se ríe de Donald Trump, se hacen chistes con su pelo, sus groserías, sus bromas sin gracia, sus salidas de tono y sus tropezones, pero acaba de arrasar en Florida y va dejando cadáveres de aspirantes al trono republicano allá por donde pasa. El último, el propio senador de ese estado, Marco Rubio, apeado ya del tiovivo preelectoral. El multimillonario cada vez tiene más papeletas para convertirse en candidato a las presidenciales de los EEUU en vista del carrerón que lleva en las primarias de su partido. Y nadie se lo explica. 


Cuesta imaginar que pueda llegar a presidente de los EEUU un tipo xenófobo, partidario de expulsar de su país a los emigrantes y levantar un muro en sus fronteras, un misógino que no se contiene a la hora de emplear descalificativos para referirse a nosotras, un malhablado que articula su discurso de la manera más básica, sembrado –eso sí- de palabras picantes… El típico personaje de reality televisivo o mesa camilla de sobremesa, que diga lo que diga sube la audiencia, porque la vulgaridad dispara los audímetros. Sí, cuesta imaginarlo en el despacho oval y con un botón rojo a mano, pero hay que admitir que su estilo populista está conquistando a mucha gente en Estados Unidos y, lo que es peor, ese mismo savoir-faire se reproduce con más frecuencia de la que -considero- sería deseable en muchos países. 

Hubo un tiempo en que los gobernantes eran ciudadanos ilustrados, con don de palabra y gentes, dechados de virtudes, altos estrategas políticos y ejemplo de diplomacia. En este nuevo mundo virtual en el que se ha convertido el planeta, en el que cualquiera se inventa dos chascarrillos, los sube a Youtube y se convierte en ídolo de adolescentes, y donde el éxito se mide por el número de likes y de retweet, no sería descabellado terminar coleccionando a nivel global dirigentes del mismo nivel, que hablen el lenguaje del pueblo y apelen a los más bajos instintos, seres elementales con argumentos de consumo rápido, que se conviertan en noticia de sí mismos, tipos con más ego que vergüenza, caricaturas con cuenta en Twitter, trileros expertos en juegos de manos para borrar la memoria, descontextualizarlo todo y desubicar a los votantes. 

Y mientras, sigamos riendo. A ver si se nos va a terminar helando la sonrisa.