Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Un circo sin 'paragüeras'

Las azafatas de parrilla o ‘grid girls’ de la Fórmula 1 se quejan de que las mandan al paro. Los organizadores del Mundial han decidido prescindir de ellas y poner en su lugar a chavales aficionados al deporte del motor que empiezan a hacer sus pinitos como pilotos de monoplaza. Los niños heredarán, por tanto, sus puestos y las funciones que venían realizando ellas; a saber, estar junto a sus ídolos en la parrilla de salida, sujetar un paraguas para darles sombra o protegerles de las inclemencias, mostrar el número correspondiente a cada coche, exhibir las marcas de los patrocinadores o portar una bandera. Nada demasiado complicado o de alta especialización, la verdad. Todas estas actividades las podría realizar cualquiera con unas mínimas indicaciones, incluso yo misma. Aunque no todos podríamos hacerlo embutidos en un minivestido y encaramados a unos tacones imposibles. Eso solo lo puedes hacer si eres mujer, joven, te acompaña un buen físico, tienes un cuerpo escultural, sabes andar con stilletos y no te importa que los salidorros del paddock te radiografíen con la mirada.

Quiero decir que para trabajar de azafata en las carreras de F1 no hay necesidad de ser mujer ni de parecer, en ocasiones, una bailarina de pole dance. La prueba está en que los sustitutos de las azafatas, esos que ya han denominado como ‘grid kids’, podrán cumplir las mismas funciones siendo críos y yendo ataviados con monos de piloto o ropa deportiva. Mucho más cómodos, dónde va a parar. E igual de dignos que ellas, porque -que quede claro- nadie está cuestionando la dignidad de esos puestos ni de las chicas que los han ocupado hasta ahora.

En fin, que lo siento por las azafatas. Sé lo que es quedarse sin trabajo. Pero me gustaría que entendieran que la culpa de su ‘desgracia’ no es de la corriente feminista que, para algunos, está revolucionando los ámbitos más visibles de la sociedad cual mosca cojonera, sino de la propia organización de este evento que durante años, por puro capricho, aunque lo llamen glamour, ha fomentado el uso de la figura femenina como elemento decorativo en los circuitos, para el disfrute de la mayoría masculina que poblaba ese deporte. Si deseaban integrar a las mujeres dentro del circo de la Fórmula 1, podían haberlo hecho uniformándolas como al resto de hombres en las escuderías, fomentando su presencia en áreas más técnicas o incluso permitiendo que ese papel lo desempeñaran indistintamente hombres y mujeres.

El caso es que los nuevos responsables de la F1 dicen que esa vieja costumbre no cuadra con sus valores de marca ni con las normas de la sociedad moderna. Y, como ha explicado su director de operaciones, Sam Bratches, no creen “que esta práctica sea apropiada o relevante para la F1”. He ahí el quid de la cuestión. Que la labor de 'paragüero' no debería estar asociada a ningún género, edad o físico en particular y, lo que es más importante, no resulta imprescindible en este negocio. En cambio un mecánico, un jefe de escudería, un piloto, un comisario de pista, un ingeniero electrónico o un modelador de datos son piezas clave sin las que no funcionaría el engranaje.

Quizá el llamado circo de la Fórmula 1 ya no lo será tanto sin las bellas azafatas desfilando por la parrilla. Pero tranquilos. Es el acontecimiento deportivo que más factura y el espectáculo está asegurado. Lo encontraréis sobre el asfalto, en las curvas cerradas del circuito, en las paradas en boxes para repostar y cambiar los neumáticos a toda velocidad, en los adelantamientos a 300 kilómetros por hora y también, claro que sí, entre los vips que seguirán dejándose caer por los circuitos cada Gran Premio.

domingo, 4 de febrero de 2018

A la gala de los Goya le faltó espectáculo


Cada año me trago enterita la entrega de los Goya y de los Oscar. Ya sé que las comparaciones son odiosas y que no tiene nada que ver una industria con la otra, pero en lo que me quiero detener es en el concepto de espectáculo televisivo. Por lo general la gala en la que se entregan los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de EEUU comienza con un número musical en el que el presentador, que suele ser un showman de algún late night ampliamente reconocido por el público, repasa detalles de las películas candidatas y hace bromas con la actualidad mientras canta y baila. En su actuación intervienen también algunos de los actores que son protagonistas esa noche y que se suman al jolgorio, dando la réplica al maestro de ceremonias, ya sea entonando parte de la letra, danzando a su paso o siguiéndole la corriente. Todo el número está ejecutado a la perfección, derrochando gracia, ritmo y talento, hasta el punto de que al espectador se le pasan en un suspiro los cinco minutos largos que puede llegar a durar. 

Al comienzo de la ceremonia de entrega de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, los presentadores de esta edición de los Goya, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, bromearon con el tema del clásico número musical y tranquilizaron a la audiencia al respecto asegurando que no iban a abrir la gala bailando y cantando. Como si al público nos aterrorizara ver una actuación en directo. Pues no. No, no son los números musicales los que nos dan urticaria. Por lo menos a mí. Los que se nos hacen eternos son los momentos de vergüenza ajena. Ver cantar a y bailar a un artista que ni canta ni baila bien, y que además se siente abochornado e inseguro porque conoce sus carencias, corta el rollo a cualquiera y, por supuesto, ralentiza una gala. Ese es el tipo de números musicales que nos aterran a los espectadores. Pero si me dan a elegir, prefiero que me den algo de espectáculo, aunque no esté a la altura de Broadway o de la Gran Vía.

Es una pena que, en vez de buscar actores y actrices completos, que además de saber interpretar, sean capaces de cantar y bailar con algo de gracia para animar la gala, se prefiera renunciar a crear un producto televisivo de cierto nivel. Porque no olvidemos que la gran fiesta del cine español se celebra para que el público la vea en sus casas a través de la televisión y en este tipo de espectáculo, la música bien empleada puede dar mucho juego, tanto o más que un buen guion y un ingenioso monologuista. De hecho curiosamente la única actuación musical en esta 32ª edición de los Goya, el medley que hizo Marlango de las composiciones nominadas a mejor canción, a mí me despertó del letargo y creo que funcionó bien.

Lamentablemente esta edición de los Goya pasará a la historia como una de las más decepcionantes. A estas alturas ya casi todo el mundo ha manifestado de manera muy visceral su opinión al respecto. La mía se resume en que le faltó espectáculo. Fue una gala sin ritmo, escasa de gracia y con poco gusto. Yo esperaba más de Reyes y Sevilla. Hacer de la discapacidad del Langui materia de gag y luego vomitarle en la cara no es lo que yo entiendo por humor elegante. Ni siquiera chanante. También llegó un punto en que me resultaron pesados, machacones y largos los variados monólogos reivindicativos sobre la discriminación femenina en el cine pronunciados por mujeres pero escritos por guionistas hombres. Pero no voy a abrir ese melón, que me conozco. Me limitaré a cerrar el tema feminista confesando mi incapacidad para comprender el motivo por el que el realizador se empeñó en ofrecernos en varias ocasiones el plano de una profesional (siempre la misma, no sé si quizá es que era la única) al mando de una de las cámaras de TVE que captaban las imágenes de la gala, como si fuera una especie de demostración de lo paritarios y modernos que son en el medio público, que tienen a féminas realizando labores tradicionalmente masculinas. Espero que en la próxima edición, sin necesidad de anunciarlo a bombo, platillo y abanico, haya mujeres no solo en el staff técnico, también en el equipo de guionistas, en la presentación de la gala, en las candidaturas e incluso cantando y bailando sobre el escenario.

Como creo que todo, incluso lo peor, siempre tiene algún detalle positivo reseñable, para terminar destacaré lo mejor de la noche (por no decir lo único): la intervención de Carlos Boyero en un momento de la ceremonia haciendo una valoración de la gala y comparándola con el parto de un caballo: ‘Es bonito pero da asco’.

Solo una línea para lo estrictamente cinematográfico: la incongruencia de que ‘Handia’, la gran triunfadora con diez cabezones, quede eclipsada al final por ‘La librería’, que solo obtuvo tres, pero los más gordos. Por una vez, la chica gana. Qué hermosa metáfora de la vida.


jueves, 1 de febrero de 2018

Experimentos que hacen un flaco favor al feminismo

Juraría que soy feminista, aunque las etiquetas tienen el inconveniente de acotar y simplificar demasiado. Digamos entonces que estoy en contra de cualquier discriminación, en particular por razón de género, y que defiendo la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Los chistes sexistas no me hacen gracia, me molesta la condescendencia con la que algunos tienden a tratar a las mujeres cuando reclaman reconocimiento y sigo sin comprender por qué cuesta tanto evolucionar y quitarse la costumbre rancia de utilizar la figura femenina como comparsa en ámbitos muy concretos.

Una vez dicho esto, aclarada bien mi postura, creo que ya puedo plantearos el asunto que ando rumiando desde esta mañana. La Manchester Art Gallery ha retirado de su exposición el cuadro 'Hylas y las ninfas', de John William Waterhouseen el que se pueden ver varias jóvenes desnudas. Bueno, en realidad solo he llegado a contar cinco pechos como 'elementos sensibles'. El cuadro es este.


Todo forma parte de un experimento impulsado por otra artista, Sonia Boyce, con el propósito de abrir un debate con el público sobre el trato que recibe la mujer en la pintura. Y le ha tocado pagar el pato a Waterhouse. Este pintor inglés, que desarrolló buena parte de su carrera a finales del siglo XIX, tenía una particular fijación con los personajes mitológicos y las deidades griegas y romanas de la literatura antigua. Si os tomáis la molestia de ver algunas de sus imágenes comprobaréis que sí, aparece algún desnudo femenino, pero todo en un tono muy naif. De hecho, Las tres Gracias de Rubens exhiben mucho más que las mujeres de sus cuadros, pero nunca nadie se ha planteado retirarlo ni como experimento, ni para provocar el debate sobre la cosificación de la mujer, ni porque resulte poco estético. Quizá precisamente porque las modelos de ese cuadro no se ajustan al canon de belleza actual, por estar entradas en carne y lucir orgullosas su celulitis, nadie se ha sentido erotizado ni se ha atrevido a abrir debate al respecto. Es arte, simplemente, igual que el de Waterhouse.

No entiendo nada. Ni el experimento, ni la forma de poner el foco sobre la figura de la mujer en el arte. Cuando el señor Waterhouse le daba a los pinceles, el papel de la mujer no tenía nada que ver con el actual, y con esa perspectiva hay que analizar su obra. El mundo de entonces era distinto a este, la moda era otra, las tendencias eran diferentes y las costumbres no se parecían nada a las actuales. Por aquella época no había Twitter ni Youtube, así que la inspiración se buscaba en los clásicos. Eso no quiere decir que haya que hacer desaparecer nada del pasado porque no encaje con la sociedad actual. Al contrario. Es historia. Debería servirnos para entender quiénes somos, de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí. Por eso pienso que el debate se provoca mostrando el cuadro, no retirándolo. Ser conscientes de nuestra evolución es lo único que nos puede armar de razones para seguir avanzando.

No confundamos conceptos. No mezclemos. Una obra de arte es un producto realizado con una finalidad estética y comunicativa, mediante el que se expresan ideas, emociones y una particular visión del mundo. Las obras que los artistas han ido creando a lo largo de la historia nos dan muy valiosa información sobre sus autores y las diversas épocas en las que vivieron. Cuando contemplo a estas ninfas con los pechos al aire tentando al bello Hylas para llevárselo al estanque no me enciendo ni tengo que contener mi vena feminista. La lucha está en otra parte, no en cuadros de hace dos siglos.

En todo caso, si cada tema de conflicto nos lleva a hacer desaparecer todo lo relacionado con ese punto de fricción, con el objetivo de calibrar nuestra reacción, ¿qué será lo próximo? Supongo que comenzaríamos por borrar del mapa cualquier obra que muestre más carne de la cuenta; pienso en La Maja Desnuda, El origen del mundo, La Venus del espejo y hasta en Las Señoritas de Aviñón, que aunque cubistas, también son cuerpos femeninos sin ropa. 

Ya puestos, no deberíamos quedarnos ahí; también abundan en el arte los desnudos masculinos, y supongo que igualmente se podrían interpretar como una cosificación del hombre apolíneo o de los niños, si pensamos en todos los cuadros de Sorolla ambientados en la playa. Esta web, Reprodart, dedicada a comercializar reproducciones de muchas de estas grandes obras, os puede dar una idea de la cantidad de material que estaría en el punto de mira con ese discutible criterio de retirar para debatir. ¡Fuera todos de las paredes de los museos!

Imagino que en algún momento la corriente políticamente correcta, como deferencia hacia las personas con discapacidad o 'diferentes', exigiría eliminar todas aquellas pinturas en las que se apreciaran cojos, mancos, ciegos, jorobados, enanos…

Después  haríamos desaparecer todos los cuadros relacionados con la tauromaquia, empezando por la gran colección de Goya, porque hay una fuerte corriente antitaurina y un encendido debate en torno a si es fiesta nacional o salvajada.

Más tarde podríamos quemar todos los cuadros que muestran escenas de guerra, incluido el Guernica de Picasso, porque en el siglo XXI no se puede ser más que antibelicista, aunque nos dé igual que sigan matándose en Siria y en una decena de países más del mundo. 

Posteriormente encerraremos bajo cien llaves todos los retratos de reyes y reinas, porque no deseamos disgustar a esa parte de la población que es republicana y no reconoce la legitimidad de las monarquías europeas. 

No se nos olvide seleccionar y ocultar todos aquellos lienzos en los que aparece un animal muerto o sufriendo, porque los humanos de hoy estamos muy concienciados con los derechos de esos seres sintientes. 

¡Ah! Y si pensabais que los bodegones iban a sobrevivir a la quema, estabais equivocados. Seguro que los talibanes de la nutrición saludable encontrarían algún elemento discordante en cualquiera de ellos, quizá el vino, el pan, el tocino o el azúcar.

--> Al final en las paredes de los museos solo quedarían colgadas pinturas abstractas contemporáneas que resultaría imposible descifrar. Ignoraríamos con alivio las intenciones de su autor o si a su musa se le vio un pezón durante el proceso de creación. Eso sí, serían pinceladas en blanco y negro, para que ni los daltónicos pudieran poner pegas. 

jueves, 25 de enero de 2018

15 expresiones de la nueva jerga adolescente que deberías conocer

Paradojas de la vida. Cuando tienes un bebé deseas que crezca y aprenda a hablar rápido para poder comunicarte más fácilmente con él y no solo guiarte por sus berridos o tu intuición. Pero, tras unos años de cierta armonía, cuando llega a la adolescencia, esa etapa en la que resulta crucial entenderse, sucede un hecho insólito: compruebas que tu hijo y tú habláis idiomas diferentes. Entonces te preguntas en qué momento esa criatura a la que enseñaste a decir ‘mami’, ‘caca’ y ‘agua’, decidió incorporar a su lenguaje extraños términos que tú ignoras, con el único y maquiavélico propósito de dificultar tu comprensión y marcar distancias entre su mundo y el tuyo.

Supongo que yo hacía lo mismo cuando tenía 14 o 15 años. No lo recuerdo nítidamente porque desde los 80 ha llovido mucho, pero sí me acuerdo de expresiones como ‘dabuti’, ‘macizo’, ‘me piro’, ‘guay’ y muchas otras que utilizaba en aquella época a todas horas y debían descolocar igualmente a mis progenitores.

Llevo tiempo recopilando algunas de las expresiones de la jerga adolescente que mis hijos cuelan con frecuencia en nuestras conversaciones y he decidido compartirlas con vosotros, pensando que os serían de utilidad si tenéis niños en esa etapa crítica o encaminándose a ella. Incluso si no sois padres, asimilar todos estos conceptos puede aproximaros a esta nueva generación en cuyas manos dejaremos la responsabilidad de generar nuestras futuras pensiones. Aquí tenéis 15 expresiones del diccionario adolescente que deberíais conocer si queréis entenderles:

1.-Clavar el visto: Se refiere a las comunicaciones por Whatsapp. En concreto cuando envían un mensaje y el interlocutor lo lee pero no les contesta. Queda constancia de que lo ha visto por los dos tics marcados en azul y les cabrea que no haya una respuesta inmediata, porque interpretan ese silencio como indiferencia del que les ‘clava el visto’.

2.-No me trolees: Es lo mismo que no me vaciles, no me provoques. Deriva de la jerga de internet y alude a la práctica habitual del trol, ese usuario que tiende a crear polémica en un foro o comunidad virtual.

3.-Es una prank: Es una coña. Como muchos de los términos que están adoptando ahora los chavales, procede del inglés y se puso de modo por vídeos virales en Youtube que basan todo su éxito en mostrar bromas pesadas.

4.-Montar bardo: Armar lío, montar follón, liarla parda. Discutir acaloradamente o pelearse.

5.-No renta: Como habréis adivinado, porque es bastante evidente, se podría traducir como no merece la pena, no trae cuenta o no es rentable.

6.-Shippear: Viene a ser implicarse emocionalmente en la relación sentimental de una pareja, es decir, alcahuetear, querer o desear emparejar a dos personas que consideran que están hechas la una para la otra y vivir intensamente el romance como espectador. Para que el shippeo sea redondo inventan una palabra que mezcla los nombres de ambos. Por ejemplo, de Silvia y Alberto surgiría 'Silverto' o 'Alvia'.

7.-Ser boque: Significa no haberse liado nunca con nadie, que a estos niveles se asimila a no haberse dado nunca un morreo. A pesar de que mi hija me lo discute, entiendo que el término procede de boquerón, en concreto de una expresión más antigua que el hilo negro, ‘estar boquerón’, con la que se daba a entender que esa persona no tenía demasiado éxito en el tema amoroso.

8.-Qué cringe (pronunciado crinch): Lo dicen de alguien que les da vergüenza ajena porque creen que se pone en evidencia.

9.-Hay salseo: Hay líos, romances, cotilleos. Todo apunta a que la expresión procede del mítico programa de televisión ‘Salsa Rosa’.

10.-Frienzonear: Viene de ‘frienzone’ o zona de amistad, que es donde queda la relación entre dos personas cuando una tiende a enamorarse y la otra no. Normalmente 'frienzonea' la que no tiene interés en implicarse sentimentalmente y suelta eso de ‘solo como amigos’.

11.-Tirar ficha: Sería algo así como probar suerte para ver si ligan. En resumen, intentar camelarse a alguien con el propósito de buscar rollo.

12.-Pásame el vapo: Se lo dicen los amigos que comparten cigarrillo electrónico. Porque la moda ahora es vapear. Tienen la creencia errónea de que fumar con un vapeador es más sano que el tabaco, así que el más listo consigue uno, le echan una solución química que a saber lo que contiene y van pasándoselo como si fuera un porro.

13.-Qué circa: Se dice de alguien que hace el payaso. Se utiliza en femenino independientemente de que se aplique a hombre o mujer.

14.-Vasto/mazo: Utilizan indistintamente cualquiera de estas dos palabras cuando quieren expresar ‘mucho’. Por ejemplo: ‘Mola vasto’ o ‘Duele mazo’.

15.-Qué ladras: Expresión muy habitual que emplean cuando no les gusta lo que están oyendo. Sería el equivalente, salvando las distancias, a ‘¡qué coño dices!’.

Como estoy empeñada en entender a mis hijos, prometo seguir ilustrándome en este campo y compartir mis nuevos hallazgos en futuras entregas. 

viernes, 19 de enero de 2018

Yo sí entiendo la campaña #NoSeasAnimal

Imaginad que lo que vais a ver no son extractos encadenados de películas de ficción, sino situaciones reales del día a día.



¿Qué os pasa por el cuerpo cuando veis esto? ¿Vergüenza? ¿Apuro? Probablemente os chirríe y os parezca, como a mí, algo pasado de moda. Puede que, independientemente de vuestro género, no concibáis que algo así pueda suceder hoy en la vida real. Tampoco os avergoncéis si os ha hecho gracia. Es lo que pretenden todas esas películas, caricaturizar una realidad bochornosa y, aunque no lo parezca, cuestionarla a través de la risa. El problema es cuando algún hombre no capta la ironía y cree que imitar esos ramalazos es divertido e incluso agradable para la mujer que los padece.

Hubo un tiempo en que se llevaba el piropo. Era algo muy español. Todo un arte. Las mujeres estaban acostumbradas a que los hombres alabaran su apariencia. Cierto es que los caballeros eran más educados con las damas y el mensaje quedaba diluido o refinado por el envoltorio. Ese tiempo ya pasó. Las mujeres han evolucionado y ya no esperan que las silbe cualquiera por la calle. Pero son muchos años de convivir con esa práctica tan arraigada, de modo que a algunos hombres les está costando más evolucionar. En lo único que han experimentado algún cambio o avance es en el nivel del piropo, mucho más soez y menos inocente que en sus orígenes.

Pensando en frenar a ese espécimen, la Junta de Andalucía ha lanzado una campaña con el lema #NoSeasAnimal en la que trata de ridiculizar esos comportamientos machistas para erradicarlos. 


Como era de esperar tratándose de un tema tan sensible, no todo el mundo ha acogido favorablemente la campaña. Y, sinceramente, creo que los argumentos en contra están cogidos con papel de fumar. No hay más que volver a visionar esos minutos de piropos cinematográficos para captar el sentido y la necesidad de esta acción.

Que tu pareja, un compañero, un amigo o alguien de confianza te diga que estás estupenda, que tienes muy buena cara, que cada día estás más joven o que conservas el culo respingón de siempre no es el concepto de piropeo rancio del que estoy hablando –a nadie le amarga un dulce-. Esos cumplidos estarían al mismo nivel que otros halagos que también recibimos gustosamente de quienes nos conocen, por ejemplo los que elogian nuestra capacidad de trabajo, nuestro esfuerzo o nuestro talento.

Pero ninguno de estos piropos tiene nada que ver con lo que esa campaña pretende denunciar. Aquí lo que se reprueba es el atrevimiento de esos hombres que, sin conocer de nada a unas mujeres, murmuran palabras soeces a su paso; grupos de tíos que compiten por ver quién dice la mayor grosería cuando una chica se les pone a tiro; machitos que se creen muy ingeniosos dedicándoles a las féminas chistes guarros. Esa es 'la fauna' que sale en el vídeo de la campaña de la Junta de Andalucía. Si verse reflejados en esas imágenes sirve para que hagan un esfuerzo por controlarse, nos harán un favor a todos. Y les aseguro que es posible. Que se fijen en nosotras.

Cuando quedo con otras mujeres hablamos de todo un poco, también de hombres. Si el tono de la conversación es desenfadado, no faltan los chistes de carácter sexual, ni tampoco los comentarios subidos de tono sobre algún adonis especialmente atractivo que pase cerca, siempre en voz baja, naturalmente, para que el interesado no pueda escuchar la grosería. Pero nunca hemos llamado su atención a voces, ni elogiado abiertamente partes de su anatomía. No piropeamos a ningún pibonazo desconocido. ¿Queréis saber por qué? Por educación, porque podría incomodarle, porque sería ridículo, porque no nos sale, porque no hacemos aquello que no nos gusta que nos hagan, porque llevaríamos el juego demasiado lejos y porque si queremos lío, hay muchas otras maneras menos traumáticas de probar suerte. Y, sobre todo, porque somos seres racionales y usamos la cabeza.