Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

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martes, 26 de septiembre de 2017

El fallo del juez Calatayud

Cuando Emilio Calatayud abre la boca, nunca pasa desapercibido. Habitualmente las declaraciones del juez de menores de Granada tienen trascendencia porque suele conectar con buena parte de la población al verbalizar de manera contundente –sin eufemismos- lo que muchos adultos opinan -y callan- sobre asuntos relacionados con niños y jóvenes. Por lo general cuando se menciona su nombre te vienen a la cabeza las originales sentencias ejemplares para menores descarriados que le han hecho célebre. Pero a partir de ayer toda esa larga y brillante carrera ha quedado empañada por sus últimas declaraciones, más transgresoras de lo normal, y en concreto por una frase poco afortunada que le ha puesto en el punto de mira, principalmente en Twitter, donde merodea mucho ofendido con gatillo rápido.


Calatayud participaba en el programa Las Mañanas de la 1, en RTVE. Tomando como percha la muerte de una célebre influencer, se debatía sobre el uso que hacen los jóvenes de las redes sociales. Preguntado al respecto, el juez dijo textualmente: “Perdón por la expresión. Tomarlo bien ¿eh?, pero las niñas actualmente se hacen fotos como putas”. Los allí presentes, los espectadores tuiteros y en general todo el que escuchó la frase se quedó horrorizado. Algunos pensaron que el juez había perdido la cabeza, si no el juicio. Luego Calatayud ha tratado de matizar su frase y ahondar en la cuestión a través de su blog, incluyendo también como víctimas de la situación a los niños, pero la lluvia de piedras no ha amainado. 

Si algo hay que reprocharle al juez es que en esta ocasión no haya calculado bien los daños colaterales de su provocación. Yo sí entiendo lo que quería decir Emilio Calatayud, aunque lo expresara de una manera muy torpe. Lo veo a diario. Cada vez las niñas tienen más prisa por parecer mayores. Les urge abandonar la niñez cuanto antes. Entre los 10 y los 12 años ya tienen un móvil y cuentas en redes sociales donde publican fotos tratando de emular a artistas o modelos a las que admiran o a las que sueñan parecerse. El baño de su casa suele ser un lugar ideal para retratarse frente al espejo vestidas con un top y un short minúsculo, en una postura que puede ser de todo menos natural, mucho menos infantil. Se encierran en su habitación y graban vídeos en plataformas como Musical.ly haciendo playback de éxitos reguetón mientras se mueven como si fueran las protagonistas de un videoclip, con contoneos y caricias incluidas. El mejor tutorial es la discografía de Maluma, baby

Igual que nos espanta a la mayoría contemplar a niñas disfrazadas de adultas en concursos de belleza infantil americanos, imagino que si algunos padres vieran las imágenes que comparten sus hijas en Instagram se quedarían horrorizados. Pero creo que no las ven y por tanto no pueden protegerlas de sí mismas y de los que sí las ven. No digo que les prohíban jugar a ser mayores -todas y todos nos hemos probado los tacones de mamá antes de tiempo- sino que procuren no olvidar la edad real de esas niñas, oculta bajo el maquillaje, y las traten como tal. Eso incluye, por supuesto, estar al corriente del uso que le están dando sus hijas al móvil y explicarles los riesgos que entraña. Porque esas crías sexualizadas, dentro de la inocencia de sus 11 años, no conciben que ese material vaya a despertar más que admiración entre los amigos que las siguen y aumentar su popularidad en el cole. Y lo mismo ocurre con los chavales, más preocupados en su caso por presumir de una tableta -que ni está ni se la espera- con sus correspondientes oblícuos imaginarios, que fotografían y distribuyen vía Whatsapp para que quede constancia entre sus colegas. Tampoco ellos entienden qué hay de malo en algo tan divertido. Y ahí es dónde quería incidir el juez, un tipo por lo general bastante sensato, en la necesidad de que los padres cumplamos con nuestro deber de padres y protejamos a nuestros hijos empezando por conocerles, saber en qué personas se están convirtiendo, y controlar lo que hacen con ese móvil que algunos les compraron pensando en tenerlos controlados y que ha resultado ser todo un descontrol. 

Y dicho esto, no voy a dictar una sentencia ejemplar contra el juez, porque bastante le ha caído ya. Me voy a limitar simplemente a indicarle dónde erró. El fallo de Calatayud fue la expresión “se hacen fotos como putas”. Porque una mujer poniendo morritos en una foto no es una puta. Una mujer posando en bikini no es una puta. Una mujer exhibiendo públicamente su lado más sexi no es una puta. Una mujer que decide libremente buscar likes despertando la libido o el deseo de quien vea su foto no es una puta. Una mujer que simplemente está orgullosa de su cuerpo y se lanza a mostrarlo en una red social no es una puta. Así que las niñas que juegan a ser mayores e imitan a esas mujeres adultas, libres y dueñas de su vida, señor juez, no se hacen fotos como putas. Hablemos con propiedad y respeto. Si no, se arriesga a tirar por la borda años de trabajo bien hecho.

viernes, 2 de diciembre de 2016

'Inspiring girls'. Porque las niñas pueden y deben aspirar a llegar bien alto.

Miriam González, la abogada española casada con el político británico, Nick Clegg, ha presentado esta semana en nuestro país el movimiento internacional ‘Inspiring girls’. Se trata de un proyecto impulsado por esta mujer con el objetivo de mostrarles a las niñas que, con esfuerzo, pueden aspirar a ser cualquier cosa que se propongan. Así, ha estado reclutando a mujeres profesionales que trabajan con éxito en distintos ámbitos y las cone en contacto con centros educativos para que cuenten a las niñas en qué consiste su trabajo y lo que han hecho para llegar hasta allí. Me parece una valiosa iniciativa para contribuir a borrar los roles tradicionales, las desigualdades y la discriminación que aún se mantienen en el ámbito laboral. 

Hace algunos días conocíamos la noticia de que España es el tercer país de la OCDE con más diferencia de rendimiento en Matemáticas entre chicos y chicas. Lo dice el Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias publicado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA). El conocido como informe TIMSS mide cada cuatro años el rendimiento en Matemáticas y Ciencias de los alumnos de 4º de Primaria de unos cincuenta países.

Al tratar de encontrarle un motivo a esa brecha de género una de las causas que se manejan es el propio prejuicio social, dentro y fuera de la escuela. Ese prejuicio que nos lleva, sin apenas meditarlo, a asociar a los niños con los números y a las niñas con las humanidades. Al final todo se reduce a eso, a lo que esperas de ese otro pequeño ser humano y cómo se lo transmites. Si te sale por defecto hablar de carreras marcando siempre el mismo género, es decir, si te sale decir ingeniero y maestra, ya inconscientemente estás transmitiendo un modo de construir la vida. En la Universidad son mayoría las chicas, pero las carreras de ciencias, las ingenierías en particular, son coto mayoritario de los chicos. Algo de culpa debemos tener todos cuando vemos lógico que el niño sea un trasto, experimente y se arriesgue, y no nos sorprende que la niña sea más miedosa, tranquila y poco aventurera. Cuando se invierten esos perfiles los padres se suelen descolocar.

Yo no he hecho distingos, al menos conscientemente, a la hora de educar a mis hijos. Reclamo que ambos realicen las mismas tareas y les animo a explorar, aprender y descubrir en todos los campos. He de confesar que las Matemáticas y yo siempre hemos tenido una difícil relación, pero he tratado de no transmitirles mi poca empatía con los números. Es más, me ven en casa haciendo las cuentas de gastos y reclaman que les eche una mano -con la inestimable ayuda de Google- cuando se les atasca algún problema. En cambio sí hago abiertamente apología de las letras y trato de estimularles para que disfruten del placer de leer y de escribir, por supuesto, sin faltas de ortografía.

A pesar de ello, observando a mis hijos y sus amigos encuentro datos muy reveladores. Mientras los chicos quedan y se reúnen con sus ordenadores para jugar partidas de vídeojuegos en línea, las chicas en sus encuentros se dedican a hacer vídeos musicales con sus móviles o a curiosear en las redes sociales qué es lo que hacen otras chicas.

¿Qué les hace diferentes? ¿Por qué evolucionan distinto? Algo tan sencillo como el entorno, los propios modelos que nos vende la publicidad, un simple catálogo donde se perpetúan esos modelos, van conduciendo a los menores en una u otra dirección, siguiendo algo muy parecido a la teoría del reflejo condicional del perro de Paulov. Las niñas siguen queriendo ser maestras, quizá porque en las aulas sigue habiendo mayoría de mujeres docentes, así que los pequeños relacionan esa carrera con el género femenino. Y los niños aspiran a ser futbolistas, astronautas, bomberos o youtubers… campos donde los más sobresalientes o expuestos suelen ser hombres.

Lo cierto es que en esos campos también hay mujeres, menos, pero las hay, y es fundamental que las niñas lo sepan, que tengan espejos en los que mirarse y que deseen dedicarse a cualquier oficio sin tener que ceñirse a lo que tradicionamente se espera de ellas. Por eso ‘Inspiring girls’ es un acierto y por eso cada padre y madre deberíamos comenzar por enseñar a volar a nuestras hijas, animarlas a ser ambiciosas a la hora de elegir su camino y demostrarles que, con esfuerzo, no hay brecha de género que valga.